Estamos en agosto del 2020
Un año increíble, el que me habia prometido que sería el despegue o el inicio de la recta final de mi vida, pues se topó con un corona virus en el camino... que me cambió a mi y al mundo.
Comenzó todo bien, enero lleno de dudas y alegrías, febrero incierto y marzo parecía que era el principio de lo bueno, pero se convirtió en el principio de las incertidumbres, miedos y esperanzas.
Estamos en agosto, con un 60 % del año ya recorrido y pues sigo lleno de sentimientos encontrados. En el plano laboral, la incertidumbre se mantiene en pie... se supone que todo es mas incierto que nunca, pero, a la vez, percibo que hay oportunidades
Familiarmente y "sanitariamente" lo mejor ha sido la recuperación de mi tio Roberto, lo incierto es que no se sabe y da miedo pensar quealguien más de mi familia, amigos, se pueda contagiar. Obviamente, me incluyo en esa relación de miedo.
A ratos, los que son mayoría a decir verdad, soy optimista sobre el futuro, en los otros, veo todo negro.
Lo que si he descubierto en este tiempo de aislamiento y por lo tanto de reflexión voluntaria u obligatoria es que debo cambiar dos cosas: mi actitud ("bacanería") y mi envidia que parte del hecho de sentirme predestinado y que cuando no soy yo el que recibe los honores, el problema es del resto y no yo y algunas decisiones y probablemente actitudes (por acción u omisión)
Creo que si trabajo en ello, voy a lograr corregir y ajustar mi vida, no solo laboral sino personal y familiar también.
Si puedo terminar este 2020 con estos asuntos de mi personalidad corregidos pues será un gran año... a pesar de todo