De una u otra forma, cada posteo me confronta a mi mismo y creo que le tengo mucho miedo a eso.
Inicialmente, este post debía ser escrito en Navidad - Año Nuevo, como para cerrar el año 2020. Pero, entre mi estadía en Camaná, la enorme ilusión que me trajeron esos días y la libertad de Cerrillos pues se fue postergando.
Luego, me agarró finalmente el temido COVID19 y fue una experiencia muy ingrata y mala. A la distancia, lo que experimenté fue peor de lo que pensaba, y pues sobre todo esta sensación del "long COVID19" fue muy desgastante.
Así me pasé fines de enero y febrero. entre el éxtasis de Camaná, la desolación y miedo del COVID19 y la alegría y gratitud a Dios (si no lo dije antes, pues lo digo ahora, FUE GRACIAS A DIOS que mi mas grande miedo no se consumó: sufrimiento, asfixia, falta de cama - oxígeno, etc.) y entré a marzo 2021 con la idea que iba a hacer mi pretemporada en Camaná.
Ese mes fue decepcionante por comprobar los efectos que me había traído el COVID19: fatiga, dolor de cabeza, dolor de espalda, debilidad, ansiedad y depresión.
Creo que esto último fue lo más desgastante y frustrante, porque en lugar de celebrar la vida pasé a tener miedo a la vida y al futuro. Eso fue todo un marzo infeliz en Camaná y un abril incierto en Lima.
Luego, como algo natural que trae el paso del tiempo fui recuperando energía y en paralelo esta depresión fue retrocediendo, eso, sumado a la inesperada alegría y esperanza que me trajo la vacunación anticipada en mayo llegamos al final del mes e inicios de junio, con el miedo enorme consumado del contagio de mi hermano menor y pues el alivio y alegria que trae su recuperación sin complicaciones mayores (aparentemente hasta la fecha)
Así, entre demoras propias de mi procrastinación grave y el COVID19 recién puedo escribir. Se pasó medio año del 2021 y yo sigo sin despegar... con vida, en un mundo terrible e incierto, pero, con vida, con vacuna, con esperanza y con Dios.... y con un optimismo que se inflama de a poquitos... dejo atrás entonces esta serie de posts .... comencemos una nueva etapa... ya toca, ya me toca... Dios mío, Señor de la Misericordia. Acompáñame y dame la fortaleza y confianza que he perdido, que el fuego interno no se acabe, yo sé que el trabajo mayor me corresponde a mi... pero por favor, dame el empujón que necesito.
Ayúdame a ser la persona que quise ser siempre.
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